Un equipo de científicos de la Universidad de Viena descubrió la primera evidencia neurológica de que los perros logran diferenciar las expresiones emocionales en los rostros humanos. El estudio, publicado esta semana en la revista científica iScience, empleó algoritmos de aprendizaje automático sobre escáneres cerebrales de 12 animales domésticos para observar las reacciones neuronales directas ante distintos gestos de las personas.
El experimento expuso a los canes a fotografías de personas desconocidas con diferentes estados anímicos. Las imágenes con rostros alegres activaron de manera exclusiva la corteza temporal y el núcleo caudado, dos áreas cerebrales asociadas al procesamiento de recompensas y a las funciones cognitivas superiores. Por el contrario, los gestos vinculados al enojo, al temor y a la tristeza no generaron actividad en esos sectores puntuales.
Un análisis global del cerebro canino reveló patrones diferenciados ante los estímulos visuales adversos. La actividad cerebral mostró respuestas singulares frente al miedo respecto del enfado o la tristeza, lo que confirma que estos animales distinguen entre emociones negativas específicas. «Los perros han evolucionado con nosotros para comprender nuestras expresiones y cooperar con nosotros, y reconocer eso puede cambiar la forma en que nos comunicamos y los cuidamos», afirmó Laura Cuaya, autora principal de la investigación.
Las próximas etapas del proyecto científico apuntan a explorar otras vías de percepción sensorial en la convivencia diaria. El equipo de especialistas prevé analizar la integración simultánea del lenguaje corporal, las variaciones en el tono de la voz y las señales olfativas en la interpretación canina del entorno humano, además de contrastar el procesamiento neurológico entre ambas especies ante estímulos idénticos.
La totalidad de los animales evaluados durante la investigación procede de hogares familiares con un trato afectivo constante. A raíz de este factor contextual, los autores del trabajo señalaron que los ejemplares desarrollados fuera de estos entornos de contención podrían manifestar patrones de respuesta diferentes ante los gestos faciales humanos.

